Creo que es por la mañana. O esa es mi impresión. He dormido mucho, y me duele la espalda. Me estoy abrazando la piernas, quizás ese sea el motivo del dolor de espalda. He dormido hecha un ovillo. Estiro las piernas con cuidado, y echo los hombros para atrás, con cuidado. La espalda me cruje ligeramente, y me sigue doliendo la tripa. Me la miró. Es grande. ¡Estoy embarazada! Por fin todo cobra sentido, tengo la barriga así, porque tengo a un niño dentro, por eso me duele. Solo que no creo que sea un niño normal. Me está haciendo daño, me deja unos moratones enormes y siento que me chupa la energía. Algo no va bien. Miro a mi alrededor. Rafaela no está. Mejor, o quizás no... Si ella estuviera me podría ayudar. Quizás no quería ser una... vampi... un monstruo chupasangre, pero se ha convertido en uno, y eso ya no lo podrá cambiar. Al menos esperaré a que nazca el bebé antes de terminar con mi horrible existencia, antes de terminar con esta pesadilla. Solo que siento lástima por el bebé, crecerá solo, sin nadie. Yo crecí sin padres, pero tenía a mis hermanos al menos, mi bebé no tendrá a nadie, no puedo morirme antes de que fuera mayor, adulto, antes de que sea independiente. Además si lo dejo solo con Rafaela ella lo convertirá en otro chupasangre, y eso si que no lo voy a tolerar, que haya arruinado lo poco que quedaba de mi vida, pase, pero que... ¿arruinara toda la vida que tenía por delante ese nuevo ser? ¡Nunca!
Se merecía una vida como la de los demás, nada de cosas que él mismo no haya elegido, y seguro que Rafaela, lo criaría para que en su momento, fuera él mismo el que quisiera convertirse en uno de ellos. Me incorporo ligeramente, quedando sentada en la cama, a la espera de que viniera Rafaela. Observo un poco más la cabaña. Es blanca, cosa sorprendente teniendo en cuenta que la luz se refleja mejor en los blancos, y resulta más agresiva. Quizás la leyenda popular de que el sol los mata, sea mentira. El otro día pensé que no había cocina. Me equivoqué: en un rincón hay una especie de cazuela, y una serie de cosas varias, que parece que se usen para cocinar cosas sobre una hoguera. Sigo mirando, en busca de la hoguera, y la veo en pleno centro de la habitación, está apagada y consumida. Lo normal sería, teniendo en cuenta la pobreza aparente de ese lugar, que estuviera encendida. Estamos en marzo. O eso creo. Y en marzo todavía hace frío. Así que no entiendo como puede ser que no tenga frío. Quizás es algo relacionado con lo de ser una chupasangre. Se lo preguntaré en volver. Espero a que vuelva. No aparece. Quizás está cazando y alimentándose. Que asco. Imagino la escena. Ella con su elegancia, consigue a un campesino, indefenso, ingenuo, que sucumbe a los encantos de una joven moza, o quizás es una campesina. No se sabe, pero ha conseguido separarlos, apartarlos, entonces sale su lado oscuro, muestra esos enormes colmillos y se abalanza sobre su víctima, sangre por todo. Sangre, y más sangre, de la herida no para de salir sangre. Sangre. Sangre. Sangre. Tengo miedo, debería sentir asco pero no... Solo siento hambre, siento ganas de verlo en persona, quiero sangre. No. No. Yo no tomo sangre, yo no soy una chupasangre, yo soy una persona normal. O debería. No sucumbiré. Yo no beberé sangre, no pienso ser una como ellos, yo soy alguien mejor, no pienso alimentarme de otros seres vivos para vivir, moriré yo si hace falta. Pero ya he provocado a mi mente, tengo hambre, mucha hambre, el estomago me ruge, y la mente pide a gritos comida, no, no pide comida, pide sangre, y no una cualquiera, quiere sangre fresca, sangre humana, no ese brebaje que me dio ayer Rafaela. ¡NO!¡NO!¡NO! No hay sangre, ¡no soy una maldita chupasangre! Mi propia mente se grita a sí misma, intentando mantener la cordura de mis pensamientos. Trago saliva y espero paciente a que Rafaela vuelva. Dejo de pensar en victimas ni en nada relacionado con la com... ¡con la sangre! ¡Maldita sea! ¡No chupo sangre! Pasa un rato, no sé exactamente cuanto, quizás hasta hayan pasado dos horas. Por fin oigo ruidos de fuera, es Rafaela que está de vuelta. Le sonrío cuando pasa por la puerta, se sorprende de verme despierta e incorporada, lo veo en sus ojos, le han traicionado unos segundos, pero después me devuelve la sonrisa, y se acerca a mí. Debo tener un aspecto horrible, y una cara de hambre que no me la aguanto, puesto que cuando está a punto de sentarse a mi lado y se va a coger otra vez el biberón con el brebaje ese. Quiero negarme, pero algo dentro de mí me lo impide, no sabe si es el instinto de supervivencia, o el bebé que llevo en mi interior. Se lo cojo, con cierta timidez, y me lo llevo a la boca. Bebo un trago. No sabe como la última vez, tiene un sabor áspero, y algo amargo. No está bueno, pero sigo bebiendo. Rafaela tenía razón, no está demasiado bueno, pero tengo que alimentarme, tengo que beber san... ¡NO! No beberé eso, nunca. Sigo bebiendo hasta que me lo termino. Me limpio la boca con la manga, y se lo devuelvo a Rafaela, que lo coge y se lo lleva, dejándolo dentro de un bol. La veo moverse, es tan... elegante, tan... ágil, tan... perfecta. Me gustaría parecerme a ella. ¿A qué viene esto ahora? Tú no quieres ser una chupasangre. Eso sí que no. Suspiro ligeramente, y la observo venir. Veo que está preocupada, quizás es el hecho de que le haya dicho que odio a los chupasangre y que no quiero ser una. Trago saliva y me miro las manos. Las tengo sudadas, de lo nervios, y jugueteo con ellas. Pero he decidido seguir adelante, tendré que aceptar que soy eso... una chupasangre... Lo hago por el bebé, merece algo más que vivir en la miseria, sin familia. Toso ligeramente para aclararme la voz, y Rafaela ya ha centrado sus negros ojos en mí, temiendo quizás algo malo.
Se merecía una vida como la de los demás, nada de cosas que él mismo no haya elegido, y seguro que Rafaela, lo criaría para que en su momento, fuera él mismo el que quisiera convertirse en uno de ellos. Me incorporo ligeramente, quedando sentada en la cama, a la espera de que viniera Rafaela. Observo un poco más la cabaña. Es blanca, cosa sorprendente teniendo en cuenta que la luz se refleja mejor en los blancos, y resulta más agresiva. Quizás la leyenda popular de que el sol los mata, sea mentira. El otro día pensé que no había cocina. Me equivoqué: en un rincón hay una especie de cazuela, y una serie de cosas varias, que parece que se usen para cocinar cosas sobre una hoguera. Sigo mirando, en busca de la hoguera, y la veo en pleno centro de la habitación, está apagada y consumida. Lo normal sería, teniendo en cuenta la pobreza aparente de ese lugar, que estuviera encendida. Estamos en marzo. O eso creo. Y en marzo todavía hace frío. Así que no entiendo como puede ser que no tenga frío. Quizás es algo relacionado con lo de ser una chupasangre. Se lo preguntaré en volver. Espero a que vuelva. No aparece. Quizás está cazando y alimentándose. Que asco. Imagino la escena. Ella con su elegancia, consigue a un campesino, indefenso, ingenuo, que sucumbe a los encantos de una joven moza, o quizás es una campesina. No se sabe, pero ha conseguido separarlos, apartarlos, entonces sale su lado oscuro, muestra esos enormes colmillos y se abalanza sobre su víctima, sangre por todo. Sangre, y más sangre, de la herida no para de salir sangre. Sangre. Sangre. Sangre. Tengo miedo, debería sentir asco pero no... Solo siento hambre, siento ganas de verlo en persona, quiero sangre. No. No. Yo no tomo sangre, yo no soy una chupasangre, yo soy una persona normal. O debería. No sucumbiré. Yo no beberé sangre, no pienso ser una como ellos, yo soy alguien mejor, no pienso alimentarme de otros seres vivos para vivir, moriré yo si hace falta. Pero ya he provocado a mi mente, tengo hambre, mucha hambre, el estomago me ruge, y la mente pide a gritos comida, no, no pide comida, pide sangre, y no una cualquiera, quiere sangre fresca, sangre humana, no ese brebaje que me dio ayer Rafaela. ¡NO!¡NO!¡NO! No hay sangre, ¡no soy una maldita chupasangre! Mi propia mente se grita a sí misma, intentando mantener la cordura de mis pensamientos. Trago saliva y espero paciente a que Rafaela vuelva. Dejo de pensar en victimas ni en nada relacionado con la com... ¡con la sangre! ¡Maldita sea! ¡No chupo sangre! Pasa un rato, no sé exactamente cuanto, quizás hasta hayan pasado dos horas. Por fin oigo ruidos de fuera, es Rafaela que está de vuelta. Le sonrío cuando pasa por la puerta, se sorprende de verme despierta e incorporada, lo veo en sus ojos, le han traicionado unos segundos, pero después me devuelve la sonrisa, y se acerca a mí. Debo tener un aspecto horrible, y una cara de hambre que no me la aguanto, puesto que cuando está a punto de sentarse a mi lado y se va a coger otra vez el biberón con el brebaje ese. Quiero negarme, pero algo dentro de mí me lo impide, no sabe si es el instinto de supervivencia, o el bebé que llevo en mi interior. Se lo cojo, con cierta timidez, y me lo llevo a la boca. Bebo un trago. No sabe como la última vez, tiene un sabor áspero, y algo amargo. No está bueno, pero sigo bebiendo. Rafaela tenía razón, no está demasiado bueno, pero tengo que alimentarme, tengo que beber san... ¡NO! No beberé eso, nunca. Sigo bebiendo hasta que me lo termino. Me limpio la boca con la manga, y se lo devuelvo a Rafaela, que lo coge y se lo lleva, dejándolo dentro de un bol. La veo moverse, es tan... elegante, tan... ágil, tan... perfecta. Me gustaría parecerme a ella. ¿A qué viene esto ahora? Tú no quieres ser una chupasangre. Eso sí que no. Suspiro ligeramente, y la observo venir. Veo que está preocupada, quizás es el hecho de que le haya dicho que odio a los chupasangre y que no quiero ser una. Trago saliva y me miro las manos. Las tengo sudadas, de lo nervios, y jugueteo con ellas. Pero he decidido seguir adelante, tendré que aceptar que soy eso... una chupasangre... Lo hago por el bebé, merece algo más que vivir en la miseria, sin familia. Toso ligeramente para aclararme la voz, y Rafaela ya ha centrado sus negros ojos en mí, temiendo quizás algo malo.
- Perdón... Siento mi... comportamiento anterior... No volverá a suceder...
¿Por qué decía eso? Es estúpido. Pero no se me ocurre nada más. Sé que puedo hacer tantas preguntas, puedo seguir en mis trece, puedo seguir... ¿A quién quiero engañar? Sé que no puedo cambiar su nueva condición, sé que no puedo negar que había decidido seguir adelante por el bebé. No puedo seguir mintiendo. Puede ser que no me guste mi nueva condición o naturaleza, pero es lo que hay. Tengo que aprender a vivir con ella, tendré que sobrevivir por el bebé. Tengo que lograrlo. Suspiro. Rafaela no dice nada, simplemente me mira, algo sorprendida, no se debía esperar esa respuesta, bueno... Ciertamente yo tampoco me la esperaba. Había sido algo involuntario, me había salido de dentro. Trago saliva y formulo la pregunta anterior.
- Los vampiros... ¿sentís frío o calor?
Hablo de ellos como si fueran algo alieno a mí, que haya aceptado el hecho de no poder cambiar no significa que haya interiorizado eso. Ahora mismo ellos siguen siendo seres diferentes a mí. No he asimilado la idea de que yo sea una, quizás por ahora, me iría mejor imaginarlos como seres sin relación conmigo. Rafaela al principio parecía algo sorprendida, y me mira curiosa, intentando saber si lo pregunto en serio. No sé exactamente que cara pongo, pero puedo asegurar que debe ser algo extraña, porque estoy meditando eso de sí somos lo mismo o no. La oigo soltar una pequeña risa, y después me mira, más alegre, como si se hubiera quitado un peso de encima.
- Bueno sí, pero no de la misma manera que los humanos, necesitamos más frío que ellos para tener y lo mismo pasa con el calor.
- Ah...
Es una respuesta pobre, por mi parte, pero sinceramente no se me ocurre nada más que decir, me lo imaginaba pero no estaba segura y antes de hacer un juicio sin sentido, prefiero cerciorarme de que estoy en camino correcto. No sé por dónde continuar. Voy paseando la mirada por todos los rincones de la cabaña, en busca quizás de algo que preguntar, un tema de conversación. Jugueteo con las manos y los labios, no me llego a morder el labio por miedo a hacerme daño, pero sí que los muevo inquieta. Me da la impresión de que la situación es tensa, pero lo debe ser solo por mi parte, puesto que Rafaela me mira con total naturalidad, y no parece que mi inquietud le afecte, me sigue mirando con ese posado suyo, tan... neutro, pero amigable, sereno y elegante. ¿Cómo lo hace para transmitirme tantas cosas a al vez? Es algo que me tiene desconcertada. Quizás forma parte de la naturaleza vampírica, el hecho de que sean tan... ¿exóticos? No sé. Se lo puedo preguntar. Solo... que... Me da algo de vergüenza. No sé cómo reaccionara. Por ahora ha reaccionado bien a mis preguntas, pero quién sabe. Me aclaro la garganta, para indicar que voy a hablar.
- ¿Qué conlleva el hecho de ser vampiro, a parte de lo de beber sangre y eso del frío?
Frunce el ceño. Mala señal, no se lo ha tomado como quería. Entonces, en su mirada veo que no es desaprobación, es... ¿sorpresa?¿La he sorprendido? Se lleva la mano a la barbilla y mira al techo pensativa. Parece que no está segura de la respuesta y la está meditando. Me la quedo mirando mientras piensa, tengo que reconocer que me gustaría saber la respuesta, ya que a partir de ahora tendré que vivir con eso, me gustaría saber qué es eso. Rafaela parece que tiene una idea, y me mira. La estoy esperando. Entonces habla, con su voz, y no puedo parar de escuchar sus palabras:
- Pues mira... Ser vampiro a parte de convertirte en alguien que necesita sangre para seguir en funcionamiento, también te otorga una gran fuerza, y mucha velocidad. Un físico característico, del cual destacan los dientes blancos inmaculados hagas lo que hagas y una piel pálida, debido a la falta de ¿vida? que de allí nace el mito de que no nos puede dar el sol, porque somos demasiado blancos y nos quemamos. Y no sé si ya es demasiada información para ti...
Niego rápidamente con la cabeza. Quiero seguir sabiendo más cosas, me fascina, quizás sea su voz, quizás sea el hecho de saber más, pero no quiero que pare, quiero que me lo cuente todo, quiero saber como acaba la cosa. Así que ella tomó aire y continuo.
- También está el hecho de que para que sea más fácil cazar, se nos otorga una serie de atributos tales como elegancia, belleza y la facultad de fascinar a los demás. Y a su vez nuestros ojos se convierten en indicadores de cuanta hambre tenemos.
¿Cómo? ¿Qué nuestros ojos decían cuanta hambre teníamos? Mi cara revela mi completa sorpresa e incredibilidad, porque Rafaela para de hablar y me mira. Entonces hablo yo:
- ¿Cómo es eso posible?
Rafaela me sonríe ligeramente y retoma la palabra:
- Tus ojos tiene un color base... ¿vale? Que es el color que se tiene al ser humano, y después hay un color secundario, que cuanto más es el otro color más hambre tienes. Por ejemplo en mí caso, mi color natural es el negro, entonces si tengo los ojos negros, no tengo hambre, en cambio mi color secundario es el violeta, y si tengo los ojos violetas es que me estoy muriendo de hambre y no es aconsejable acercarse a mí. Pero va degradando ligeramente. En tu caso todavía no sé de que color tenías los ojos como humana, solo puedo decirte que hambrienta los tienes grises.
Es cierto... Mis ojos en realidad son verdes, no grises. Entonces estoy hambrienta.
- Pero... ¿de qué sirve? Quiero decir... Yo sé cuando tengo hambre, que más les da a los demás.
- Técnicamente, no les da igual. Puesto que la sangre de vampiro, es más "adecuada" para nuestro organismo, puesto que no la tenemos que tratar, así que cuando tenemos mucha hambre, nos apetece más beber de vampiro, en el caso de haberlo hecho en el pasado, ja que si no lo has hecho nunca no sientes esa necesidad.
- Pero... Pero... -Acabo de interrumpir a Rafaela, no sé si se lo esperaba o si simplemente lo comprende. Pero hay tantas cosas que no acabo de entender que necesito respuestas.
- ¿Si yo no sé el color base del otro vampiro, cómo voy a saber que tiene hambre?
Rafaela suspira y me mira a los ojos.
-Estás cansada y sé que quieres saber cosas, pero deberías descansar y mañana prometo contestarte a todas las preguntas que se te ocurran, ¿vale?
- De acuerdo.
Le he dicho con una pequeña sonrisa tímida. Ha acertado completamente, necesito respuestas y estoy cansada, quizás lo mejor sea que me eche un rato a dormir. Mañana sabré más. No puedo esperar a mañana. Y con esa sensación de nervios me quedo dormida.
OHBOYOHBOYOHBOY
ResponderEliminarI love it!!
Quiero más e3e
Hacía ya bastante tiempo que no encontraba un blog en el que se dedicaran a escribir y me alegro de haberme topado por pura casualidad con este. Mucha suerte con él y sigue escribiendo! :D
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